jueves, 19 de abril de 2018

Ausente

Puedo estar triste,
ser una con el silencio de la noche,
venir insomnio y espada en mano
a enfrentar dragones
que de humo y de sombra
no son por ello menos fieros.

Puedo
comulgar en esta pira milenaria,
encontrar dioses en
la sinfonía de las cenizas.

Puedo
recorrer el mundo ignoto de objetos,
historias de un tiempo en el que yo no era verbo,

seguir sin serlo.

lunes, 9 de abril de 2018

Lecturas de marzo

Nunca hablo del llano de mi infancia, tal vez porque no puedo traducir los nombres de El Silbón, María Lionza o Vicente Cochocho o palabras como sabanear, guásimo o cabrestrero; al menos no invocando el mismo sabor en los labios. Y digo esto consciente de que el tema de la nostalgia del inmigrante siempre me ha parecido cliché, forzado, cursi, lo confieso. ¿Qué es, entonces, esta incertidumbre del pulso que ha de escribir sobre mis lecturas de marzo?


Doña Bárbara me trajo el inmenso placer de la visita a los mastrantales; la superstición del llanero; la memoria de la sabana larga, larguísima en los días de lluvia. 

Sin embargo la trama, que gravita alrededor de tierras sin otras leyes que la corrupción, la ignorancia y el uso de la fuerza, me dejó otro sentimiento. El ambiente general de la novela y sus personajes me parecen decimonónico, o en todo caso del temprano siglo XX. Pero, ¿ puede decirse que sigue siendo esta la realidad? ¿Ha dejado de serlo en algún momento? ¿Doña Bárbara seguirá hablándole a las próximas generaciones de lectores en las escuelas o fuera de ellas? Me inclino a pensar que no, sobre todo después de ver de reojo la versión que hizo (destrozó, profanó)TeleSur... 

A pesar de que el tema está relacionado con la trinidad de corrupción, ignorancia y leyes ornamentales, en la colección de cuentos de Los Funerales de la Mamá Grande (escritos en tiempos más cercanos), Gabo tuvo la astucia de abordar el tema como un asunto histórico, ya ubicado en el pasado, y creo que eso le da a su colección de relatos mejor chance de supervivencia. Disfruté mucho con la ridícula pomposidad de estas tierras nuestras que, siendo no más que hatos cafeteros, bananeros y azucareros, soñaban con emular el lejano esplendor de los espejos del Palacio de Versalles. Mi parte favorita del relato, que le da título a la colección, es la enumeración del patrimonio moral de la Mamá Grande... y el hecho de que siendo una una matrona, es también virgen.

sábado, 24 de marzo de 2018

quisiera contarte

que los cafés de madrugada resultaron una profecía

y las preguntas continúan sin respuesta

Sócrates, Platón, Aristóteles

-la poesía con ellos es imposible-

nos dieron sólo metáforas del tiempo

espirales y cenizas;

quisiera contarte

que la elegancia amada de los griegos

ha estado al alcance de mis manos

y es estrellada

la piel de los mármoles antiguos:

esta noche el Partenón reposa

soñado por las musas

bajo la fría luna llena de enero.

domingo, 11 de marzo de 2018

Andadas

Leo a una velocidad desesperada por no pensar más: escucho el último devaneo de una mujer en su mortaja; me fascina descubrir los motivos de la negrura del corazón de un hombre en la selva, abrazado a una riqueza absurda.

Fumo mucho por estos días. Fumo a escondidas, con unas caladas sin fuerza que resultan en unos cigarrillos que arden por un solo lado –dicen las brujas que las cenizas a medias son olvido-. ¿Me estás olvidando ya, amor mío, a pesar de que estoy frente a ti cada día, así sea con mis silencios ante tu ruido?

El ruido de la vida que taladra para dar paso a lo nuevo;
                               que crece como un océano de alga y peces
                               que marca el triunfo del sol sobre la noche,
una batalla infinita.

Bebo mucho por estos días, buscando apagar mi sed, buscando un bálsamo a estos insomnios de noche sola que ni la poesía consigue embellecer. ¿Es el mismo eldorado que persigues noche a noche en un bar, entre indios que en silencio se burlan de la avaricia de felicidad natural en el hombre?

Llueve mucho por estos días amor mío; el gobierno ha decidido declarar un monzón, en un gesto ladrón de geografías ajenas, y yo vengo a sentarme aquí a escribir, ¿qué más me queda? Me llueve en el alma, pero bien sé de tu divertida fobia a sentir las gotas de agua golpeándote los hombros, y no te digo nada.

Leo, fumo, bebo, escribo cuando llueve. Estamos mal, amor, y no me queda sino volver a las andadas.

Noviembre, 2016

domingo, 21 de mayo de 2017

El cuento de la criada, Margaret Atwood

El cuento de la criada de Margaret Atwood añade a la usual incomodidad de leer una distopía un elemento de cercanía verdaderamente espinoso.

Hasta ahora, al leer este género desde la perspectiva consoladora de pertenecer al todo dentro del conjunto del hommo sapiens, ha sido posible para mí observar los matices de bondad y maldad, esperanza y desesperanza.  Ha sido fácil y natural tomar partido, aferrarme a la idea de que la inteligencia, la compasión y el amor son más fuertes en el hombre que la ignorancia, el odio y la sed de poder. Las distopías, claro, se distinguen por lograr convencernos de que lo contrario es también posible, y de ahí la desazón al leerlas.

Lo que distingue a Atwood de otro autores de distopías es su habilidad para acercarnos peligrosamente a su personaje. Offred no existe en un futuro imaginario de siglos más allá, o en el uniiverso algo lejano, ya establecido, como en los casos de 1984 o Un mundo feliz. Tampoco está enmarcada en una geografía abstracta; Offred está en medio de terribles cambios en la civilización específica de Estados Unidos, como la conocemos aquí y ahora. Offred es (ha sido) una mujer como cualquier otra, que uno se puede topar en la calle, o peor aún, que uno se puede encontrar simplemente al mirar el espejo. En medio de estos cambios —la infertilidad ahora ocurre a niveles epidémicos, como consecuencia de la contaminación ambiental, y ha sido necesario establecer un nuevo orden social basado en severos preceptos religiosos— es la población femenina la que lleva las de perder.

Desde esta perspectiva de reconocimiento y de encontrarme definida dentro de un segmento del todo —soy una mujer, como lo es (ha sido) Offred—, ya no existe para mí la opción de tomar bandos: y así, la pérdida de esta libertad como lectora, se va uniendo a las sórdidas pérdidas de libertad de Offred y las otras criadas, a medida que se va detallando la historia de lo que es Gilead.

Mucho se le ha criticado a Atwood el final abierto. Desde el punto de vista literario pienso que en verdad el libro hubiera ganado una fuerza contundente de haber definido una sola opción posible, me atrevería a decir a la par del efecto en 1984 . Como ser humano, sin embargo, creo que es una oda a la esperanza dejar que la naturaleza de cada lector escoja su final, y esa posibilidad enriquece tanto el libro como el debate de ideas.

Siempre había querido escuchar una historia que se saliera de la comodidad de ubicarse bien precisamente antes del cataclismo inminente o bien inmediatamente después. Quería un ojo del huracán, quería imaginar el caos. En Atwood el caos puede rayar en horror, pero de vez en cuando sale a relucir la naturaleza humana, cuando se dan situaciones tan absurdas y fuera de lo familiar que los propios personajes no saben cómo reaccionar, qué sentir, y es en ese territorio tácito donde se libran las más grandes batallas del libro. En ese sentido, debo decir que mi deseo quedó más que satisfecho... así esté pagando mi satisfacción con cierta inquietud de espíritu.

Puede que tenga un temperamento sensible que se espanta fácilmente ante las distopías. Puede que mi desasosiego no sea sin fundamento, en medio de una sociedad en la que las riendas políticas y financieras aún están sostenidas en su mayoría por el género masculino, y he ahí la relevancia del libro por estos días, cuando trece hombres se encierran en un cuarto a discutir los derechos reproductivos de millones de mujeres en todo un país, o cuando las discusiones sobre los cambios en el sistema de salud incluyen la violencia sexual entre "condiciones preexistentes", que como tales no quedan cubiertas en los servicios de salud básicos.

Y eso que ni siquiera menciono el aspecto religioso, para no alargarme demasiado después de mi post anterior...

Me he enterado de que existe una serie de TV reciente (el trailer aquí), que se ve muy bien hecha, en contraste con la película de 1990. Ponerle rostro y voces a estas mujeres (ejem, más dramática música de fondo) le da a esta historia un realismo que es difícil digerir: y ese es el trailer nada más; aún no he visto la serie.

Quiero dar gracias especiales a Draco por su post "El desubicado en la White House desata que los estadounidenses se aboquen a leer ciertos books" que me impulsó a leer El cuento de la criada. Ahora comprendo por qué llegó a la lista (por cierto me sorprendió lo de "Animal Farm"; siempre he pensado que había sido una sátira al comunismo...)

Queridas lectoras, es un deber moral pasar por este libro. Queridos lectores, lo mismo para ustedes :)

domingo, 7 de mayo de 2017

Herejías: un ensayo

El contacto con los teósofos me causó la pérdida de la fe cristiana que conocí en mi crianza y en mi cultura. Más tarde, la muerte de mi hermana (yo la llamaba así, “mi hermana”), me causó lo que llamo una crisis de fe: la estoy buscando aún. Presiento, después de tantos años de ella permanecer esquiva, que estoy buscando en el lugar equivocado, en el raciocinio metódico de ir estudiando los ismos.

Decía Jung que  “si intentáramos cubrir el vacío que queda con aparatosos ropajes orientales, como hacen los teósofos, seríamos infieles a nuestra propia historia (…) Somos, sí, los legítimos herederos del simbolismo cristiano, pero de alguna manera hemos malgastado ese patrimonio (…) Quien ha perdido los símbolos históricos y no puede contentarse con “sustitutos”, encuéntrase hoy en una situación difícil: ante él se abre la nada, frente a la cual el hombre aparta la mirada con miedo.”

La pobreza espiritual, sin embargo, es difícil de enfrentar y sí, mendigos de fe, preferimos vestirnos con lo que sea, cartones, periódicos, una hoja de parra, a andar desnudos.

Esta realidad me trae a la idea del intercambio de la fe cristiana con los cantos de sirena de la fe del budismo y sus cantos en otra lengua; o la fe del paganismo con sus danzas a luna sin posibilidad de desnudez, no sea que el vecino se asome al balcón; o la fe del hinduismo con su yoga y sus pranayamas y sus chakras. Digo intercambio porque es imposible el vacío: considero que la fe es inherente a la condición humana.

A pesar de mi descontento con una religión patriarcal (cuyo dios condena a la mujer y le dice “parirás con dolor”, mientras le dice al hombre que no ha de derramar su semilla, y si no, miren lo que pasó con Jonán), me causa una gran desazón esta mezcolanza de las carencias de la sociedad occidental con religiones antiguas. Y chakras se juntan con runas, y cartas de Tarot se juntan con hierbas; y cristales se mezclan con tótems. Lo que queda es un Frankenstein, el diseño de una fe cortada a la medida. En particular, como mujer, me perturba el intento de revival de los cultos a diosas muertas, la insistencia de las que danzan a ritmo de olvidados tambores, frente a las fogatas urbanas de un retiro espiritual de a mil dólares el fin de semana.

Creo que esta mezcolanza no es sino otro intento de encontrar una tabla de salvación ante el fenómeno del aislamiento o el sufrimiento, a menudo causado por la exclusión social:
 
-El pobre acude a la religión como consuelo, por lo de la metáfora de los ricos, el camello y el ojo de aguja.

-Aquel incapaz en su raciocinio de reconocerse en la religión, acude al consuelo del cielo prometido del socialismo (el materialismo, el ateísmo, cualquier ismo).

-La mujer harta del patriarcado se refugia en la idea de entidades vagas como el poder de lo femenino.

Al final todos van en la misma búsqueda de un bálsamo —un opio—parecido a lo de bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Pero no, yo no creo que las respuestas son el hambre y la sed de justicia, ni la mansedumbre, ni la promesa de cielo. ¿Tal vez la respuesta está en el Santo Grial de el problema del mal? ¿O después de una búsqueda tan larga e infructuosa, sólo nos queda olvidarnos de cualquier mito, entregarnos al nihilismo porque le mundo igual está jodido y qué más da?

No, no puedo comulgar con los extremos, ni me interesa el dogma, ni pretendo desarmar cosmogonías. Dios a estas alturas es un puerto imposible; la nada ni siquiera tiene anclas. Y sin embargo, ¿cómo escapar a la necesidad de la búsqueda?

sábado, 29 de abril de 2017

Ficciones, Jorge Luis Borges

Notas sueltas sin aires de erudición:

- Borges, poeta sobrio de la geometría de la física cuántica. El espacio-tiempo es visto desde sus distintas formas: circular, en espiral, en líneas de pespunte y muy especialmente en líneas paralelas.

- Cierta oda al misterio inaccesible del espacio-tiempo, en comparación con el concepto del carácter incompleto, defectuoso, de lo hecho por el hombre y su naturaleza finita: la historia, la filosofía, la religión.

- Las tramas del cuento son teóricas; el personaje no es sino la excusa para exponer la idea (con cierto tono académico, pero delicioso, de citas y tesis, sean reales o ficticias).

- El tema principal de cada historia trasciende lo individual y lo social; de ahí la invención de geografías. Cuando éste no es el caso, es interesante del guiño a Europa y el judaísmo como marco geográfico, social y cultural.

*

Mi cuento preferido es La biblioteca de Babel, por la metáfora que representa con el universo hecho biblioteca. El objeto es irrelevante (Dios, la transcendencia, la sabiduría); el punto es que el fenómeno de la fe es una necesidad humana:

"No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre —¡uno solo, aunque sea, hace miles de años!— lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique."

También disfruté El milagro secreto y Las ruinas circulares; este último me hace evocar La noche boca arriba de Cortázar.

De El jardín de senderos que se bifurcan se entrevé un poquito de fe en el hombre:

"Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo. El vago y vivo campo, la luna, los restos de la tarde, obraron en mí; asimismo el declive que eliminaba cualquier posibilidad de cansancio. La tarde era íntima, infinita. El camino bajaba y se bifurcaba, entre las ya confusas praderas. Una música aguda y como silábica se aproximaba y se alejaba en el vaivén del tiempo, empañada de hojas  y de distancia. Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines, cursos de agua, ponientes".

La elegancia de la prosa de Borges es exquisita; me pregunto si por ello me rebelaba tanto a la idea de leerlo por allá, cuando era una muchachita lista para sacar la lengua ante cualquier cosa que me sonara a formalidad.

¿No siempre estamos listos para ciertas lecturas?

Próxima parada, El Aleph.